Una historia entre ratones de biblioteca

No se si les ha pasado que oyen de una anécdota de la vida real y luego cuando quieren buscarla para compartirlo con alguien no la encuentran. Bueno algo así me pasó con esta historia que leí en Facebook hace unos años y que de casualidad la encontré hoy. Así que aquí la publico para tenerla a la mano cuando quiera mostrársela alguien.

EL SEÑOR DEL METRO

por Guillermo Otero

Hace unos días me sucedió algo extrañamente bonito. Estaba en el metro leyendo el libro “1984” de George Orwell, cuando de repente un señor que le calculaba unos 70 años aproximadamente se me acerca con un papel en la mano, y me dice: buen día joven, en este papel le escribí algo, por detrás esta mi número, si lo acepta, me llama. Tomo el papel, desconfianzudo, revisando que no tenga burundanga o algo malo (sí, así estamos), y lo leo. Dice:

“Tengo 20 años buscando ese libro, después que lo lea, si me lo presta le presto uno que se llama ‘La hora 25’ que es tan bueno como ese. Gracias”

Me pareció un bonito detalle. Pasaron unas semanas, y no solo lo llamé para decirle que iba a darle el libro, sino a regalárselo porque se lo compré. Nos citamos en una librería e hicimos el intercambio.

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Más esto no fue solamente un intercambio. Tuve el grato placer de hablar un par de horas con él y saber su historia, sus pensamientos, sus experiencias y su sabiduría.

Se llama Ladislao, nombre de origen húngaro, tiene 78 años y aún a esa edad trabaja, haciendo trámites de diversas índoles. Dedicó la mayor parte de su vida a ser chofer. Vive junto a su esposa con quien cumplirá 50 años de casados y tuvo cuatro hijos, ya hechos y derechos. Siempre ha tenido pasión por la lectura, me confiesa que por situaciones adversas él llegó sólo a 6to. grado, pero que eso nunca le impidió hacer su vida. Dice, con un poco de pesar, que a nadie en su casa le gusta leer, y que le fascinó ver que este encuentro pudiera realizarse, y que está dispuesto a ser un multiplicador de literatura al prestar el libro “1984” cuando lo termine.

Me contó un anécdota interesante. Él llegó a ser chofer de la caravana presidencial de Rómulo Betancourt. En un evento llegaron a Barlovento, donde se reunieron todos para la cena al fin del día. En el lugar, Ladis Lao estaba a pocos metros del presidente, y escuchaba con atención sus comentarios, los cuales hacían referencia a su posición anti-comunista hacia Fidel Castro, quien tenía un año en el poder en Cuba. Decía que en Venezuela si la gente se dejaba seducir por este modelo político, en un futuro este estaría al asedio del país y le haría mucho daño. Aquí el Presidente se dirije a Ladis Lao y le dice: “Joven, ¿qué edad tiene usted?”, él le responde: “23 años, Sr. Presidente “. A lo que Rómulo le sentencia:

“Usted esta joven. Nosotros ya estamos viejos, y quizás nosotros no veamos la afirmación que he hecho el día de hoy; pero quizás usted sí, y se dará cuenta que no sólo tenía razón: sino que el comunismo no hay que permitir, jamás, que crezca en Venezuela”.

¿Acertada premisa, no?
Qué grato fue este momento. Procuramos volvernos a ver cómo buenos amigos.
Los buenos momentos siempre los habrá siempre y cuando abramos un libro.

Guillermo Otero.
19/03/2016.

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